La teoría fundamentada busca explicar un proceso a partir del contacto directo y continuo con los datos. Quienes investigan empiezan a analizar mientras la recopilación sigue en marcha, comparan casos, redactan notas analíticas y buscan nuevo material que permita desarrollar o poner a prueba las categorías que van surgiendo.
Va mucho más allá de identificar temas en una serie de entrevistas. Su verdadero objetivo es ofrecer una explicación fundamentada, donde las decisiones de la investigación se van adaptando según el análisis, en lugar de ceñirse a una muestra y un cuestionario cerrados desde el inicio.
Deja que las explicaciones iniciales guíen los siguientes pasos
Imaginemos un estudio sobre cómo el personal decide si reportar o no un fallo en el sistema. Los primeros testimonios pueden sugerir que la gente valora si avisar les servirá de ayuda o solo les generará más trabajo. A partir de ahí, se pueden buscar casos en los que reportar el error fuera bien recibido, estuviera mal visto o se ignorara, usando esas diferencias para profundizar en la explicación.
Esto es el muestreo teórico: recoger información por lo que puede aportar a una categoría en desarrollo. Kathy Charmaz aborda esta estrategia en su enfoque de la teoría fundamentada constructivista. Es algo muy distinto a seleccionar una muestra representativa de empleados a nivel estadístico.
La comparación sigue adelante entre incidentes, testimonios y conceptos en desarrollo. Una nota de trabajo puede explorar cuándo «evitar trabajo extra» significa proteger un tiempo escaso y cuándo supone eludir responsabilidades. La siguiente entrevista puede indagar en ese matiz, en lugar de limitarse a recopilar otro ejemplo más de la misma etiqueta.
Elige y define bien tu enfoque metodológico
La teoría fundamentada cuenta con distintas corrientes que difieren en cómo entienden el papel de quien investiga, las teorías previas y el proceso analítico. Conviene definir con claridad el enfoque utilizado en vez de mezclar términos de distintas tradiciones sin justificación.
Nadie llega a una investigación sin conocimientos o ideas previas. Hay que analizar cómo influye esa postura en las preguntas y en la interpretación, haciendo que el razonamiento sea siempre transparente. No se trata de fingir que la explicación ha surgido al margen de cualquier criterio personal.
Usa el término solo si el trabajo realmente lo respalda
Una serie cerrada de entrevistas analizada con una codificación temática general puede dar lugar a un estudio cualitativo muy útil, pero eso no lo convierte en teoría fundamentada. Del mismo modo, aplicar el método de comparación constante no implica haber seguido toda la metodología al pie de la letra.
Explica con honestidad lo que se hizo en la práctica: cómo el análisis fue transformando la recogida de datos y de qué forma la explicación final se apoya en las evidencias. Si el proyecto solo busca describir experiencias recurrentes, el análisis temático puede ser una opción más adecuada. Elegir el método por su utilidad real ayuda a que quien lo lea valore mejor los resultados, mucho más que si se recurre a una etiqueta metodológica grandilocuente.
